Cuando Big Tobacco «hace huelga» el Estado capitula

Aquí no ha habido genocidios, nadie ha pensado nunca fabricar la bomba atómica. Sin embargo el país del «vive y deja vivir» ¡ha sido… invadido!

Tanque con logotipos de las multinacionalesUn cártel de sociedades extranjeras, algunas ya condenadas en Italia justamente por haber conformado un «cártel», que se apropia de todo el mercado del tabaco, marcas, fábricas, distribución, puede decidir las reglas de un sector de 14 mil millones de euros en ingresos fiscales, al que le puede cerrar el grifo en cualquier momento.

Aun si hoy nuestros líderes viven una relación de armoniosa amistad con los que se llevan el dinero de los italianos, he aquí un ejemplo concreto de lo que podría suceder mañana.

En 2006 el gobierno español decidió aumentar los impuestos al tabaco, contra la voluntad de Philip Morris.

Si el Estado aumenta los tributos y recauda más, la cantidad de fumadores disminuye por el aumento de los precios, entonces Philip Morris gana menos y el Estado gana más. Pero Big Tobacco le comunica al Estado su aberrante posición: «¿Por qué tú debes ganar más y yo menos?».

Las arcas de las multinacionales son ricas como las del Estado, y sin deudas. Así, en respuesta a la legítima decisión del gobierno de aumentar el precio de los cigarrillos aumentando los impuestos, precio que en España es de los más bajos de Europa, Philip Morris comienza una pulseada con el Estado, y tomando una medida ejemplificante, reduce drásticamente los precios de sus marcas principales, a despecho de la salud pública.

De esta manera el Estado habría sufrido un terrible daño en materia de ingresos fiscales. La movida era efectivamente una «huelga»: en efecto, la trabajadora Philip Morris renunciaba a sus ganancias y entraba en pérdida a fin de subyugar al Estado español, provocándole un perjuicio financiero concreto.

La española Altadis, que tiene una buena cuota de mercado con cigarrillos económicos de muy vendidos, se encontró con que los Marlboro se vendían a 2.35 euros, a menor precio que los «económicos». De esta manera, Altadis se vio obligada a bajar 65 centésimos el precio de sus marcas de punta, los «Fortuna» y los «Ducados», que bajaron a 1.85 euros, dando su aporte a la causa de Philip Morris.

Al final, como en los conflictos sindicales, las partes llegaron a un acuerdo – compromiso. Es claro que Big Tobacco puede hacerle frente al Estado en caso de que éste tome decisiones sin su aprobación.

Yesmoke auxilia a un Estado débil

En el pasado United States Trade Representative (USTR) amenazó a los países extranjeros con imponerles sanciones a los productos que éstos exportaban a USA, si no se les daba libre acceso en sus mercados a las sociedades americanas productoras de cigarrillos. Si comparamos la forma de obrar de nuestros políticos con la de sus colegas yanquis, se nos escapa una sonrisa.

Conociendo a las multinacionales tabacaleras, es obvio que también en Italia interferirán con las decisiones del gobierno, cada vez que sea necesario.

Encontrándose con una clase política sabiamente seleccionada por los poderosos del mundo, conformada por personajes serviles y disponibles, las multinacionales tabacaleras nunca tuvieron que hacer frente a situaciones conflictivas, y no tuvieron necesidad de bajar a campo abierto para un choque frontal, como en España.

El poder de un sujeto como Philip Morris, aliado con otras 3 multinacionales que poseen el 99% del mercado, BAT, Japan Tobacco e Imperial, es total, puesto que son propietarios de todo, inclusive de la distribución.

El cártel de productores de cigarrillos hoy puede cerrarle el grifo a Italia de hoy para mañana, dejando a los italianos secos de cigarrillos y al Estado seco de ingresos fiscales. Si esto no sucede, se debe sólo al vínculo que existe entre amos y siervos.

Italia, vaya casualidad, no aumentó los impuestos, sino que introdujo el Precio mínimo que, como dice la Unión Europea, «Defiende las ganancias de los productores en perjuicio de los ingresos fiscales».

En este contexto, Yesmoke sustituye al Estado italiano y, junto a la Unión Europea, comienza una batalla contra el Estado, a fin de que el Estado mismo, quitando el obstáculo del Precio mínimo, se vea beneficiado con sus ingresos fiscales y no le deje todo a los productores extranjeros.

Y la paradoja es que son los abogados de éste nuestro país servil y bochornoso quienes le declaran la guerra al intruso italiano … «En defensa de la salud del pueblo italiano, comenzando por los niños».







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